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CURA DE SIDA

Febrero de 2004

Es tan difícil para mí narrar esa parte de mi vida en la que creí que las garras de la muerte me abrazaría junto con mis hijos, pero considero que tengo un deber sagrado con mi maestra Regina “11”, porque gracias a ella, estamos con vida. Lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido conocerla y haber llegado a su Centro.

Me llamo Ana Elisa Parra, tengo 43 años, cuatro hijos, de profesión peluquera y vivo en unión libre. Resido en la calle 25 No. 6-40 del barrio Ricaurte de Soacha. Mi historia empezó aquel fatídico día de 1991 cuando tuve que internar en el hospital de la Samaritana a mi esposo Libardo López, quien se encontraba muy enfermo. Allí y luego de que a él le practicaron innumerables exámenes me llamaron para decirme que tenía que someterme a un examen del VIH. Cuando me entregaron el resultado el mundo se me hundió, había salido positiva, tenía sida. Los mismos exámenes les fueron practicados a mis hijos que en aquella época se encontraban muy pequeños, resultando positivos también. Al poco tiempo mi esposo moría víctima de esta terrible enfermedad.

Me volví loca de dolor y procedí a consultar a cuanto brujo me aconsejaban, pero éstos cuando se enteraban de mi enfermedad me cerraban las puertas temerosos.

Todo el tiempo le pedía al Sagrado Corazón que me ayudara.

Mis hijos se enfermaban cada rato y tenía que asistir al hospital dos o tres veces en la semana. Recuerdo que la última vez que mi hijo Edwin Libardo que en esa época contaba con tres años de edad, se enfermó, los médicos sin ninguna consideración me comentaron que había que esperar a que se muriera.

El dolor de aquel comentario me hizo perder toda la entereza que hasta allí había tenido, tomé a mi hijo y salí como una loca, sin saber cómo, llegué al barrio San Mateo, casualmente a la casa de una reginista llamada Martha.

Martha al verme en aquellas condiciones me hizo un masaje, diciéndome que me fuera urgente para el Centro de Regina “11” (del cual  no tenía ni idea) que allí me podrían ayudar, mostrándome el libro “Fuente de Salud, Dinero y Amor”, en donde aparece el caso de sida de Román Forero, y cómo se curó.

Sin saber porqué nuevamente tomé a mi niño, quien se encontraba muy grave, y me dirigí al Centro como último recurso, aunque ya sin esperanzas.

Me atendió el maestro en metafísica Aurk (alumno de la maestra Regina “11”), yo le conté mi gran problema y él me dio una voz de aliento aconsejándome un tratamiento indicado por la maestra Regina para estos casos y que debía seguir sin interrupción junto con mis hijos.

El tratamiento consistía en tomar el zumo de la caña brava y el galileo (fórmulas de la maestra Regina “11”), además de algunas vitaminas. Tratamiento que nos hicimos aproximadamente por un año y medio.

Después de este tiempo me dirigí con mis hijos al hospital de la Samaritana y al Simón Bolívar en donde nos practicaron los exámenes correspondientes a nuestra situación. Qué gran sorpresa recibí cuando me dijeron que éstos eran negativos y que mis hijos y yo estábamos curados.

Los médicos me preguntaron qué había hecho. Les conté cómo la maestra Regina “11” y su alumno el maestro Aurk nos habían curado.

Pasó el tiempo y ya curados, entablé una nueva relación de la que hay una hija, que actualmente tiene seis años. Hice que le practicaran un examen, encontrándose en perfectas condiciones. Todo esto gracias a la maestra Regina “11” y su cura maravillosa para esta temible enfermedad.   

 

 

 

 

LA CAMISETA MAGNETIZADA

Este suceso tuvo lugar en la población de Rionegro, Antioquia, no muy lejos de Medellín. Rionegro es un pueblo más bien pequeño y su clima es un poco fresco. En este lugar viven muchos alumnos de Regina “11”. Allí murió un joven llamado Oliverio Rendón Madrid, al parecer falleció de Leucemia. Encontrándose muy grave su familia le colocó una camiseta magnetizada por Regina “11”, con la que murió.

El testimonio fue dado por el señor Nicanor Rendón tío del fallecido, a Daniel Jay Liska, a quien le llamó mucho la atención este caso tan insólito y fue al lugar en su motocicleta, llevando una grabadora y acompañado de un periodista.

Una vez allí se dirigió a la Funeraria Noreña, entrevistando al señor Antonio Noreña, su propietario, quien trabaja ahí desde hace aproximadamente 20 años. Antes había laborado en el anfiteatro de Barrancabermeja.

El expresó a Danny Liska, que se trataba de un caso muy extraño y que jamás en los años que llevaba desempeñando este trabajo, le había sucedido algo semejante.

Le narró cómo el joven Oliverio Rendón, había sido llevado a su funeraria para ser arreglado, pero que sufrieron tamaña sorpresa cuando vieron el cadáver y éste se encontraba tieso, pero con sus músculos brincando y sudando mucho el pecho y la frente, guardando el calor natural que posee un organismo vivo.

Además observaron que el muchacho tenía puesta una camiseta roja con el escudo y el nombre de Regina “11”. Esta camiseta había sido magnetizada por la propia Regina.

Ante esta circunstancia llamaron a dos médicos para que examinaran al joven Oliverio, pero ambos diagnosticaron que estaba muerto. El muchacho estuvo en ese estado por cerca de 28 horas, hasta cuando el señor Noreña llamó una vez más a la madre del muchacho para que decidiera qué se hacía con respecto a esta situación, pues ya le habían colocado bastante formol en el estómago y yeso y seguía igual.

La madre de Oliverio le pidió al señor Noreña que le quitara la camiseta. Así lo hizo él como a las diez de la mañana e inmediatamente  el cadáver se enfrió.

Lo anterior corroboró que esta situación se debía a la camiseta magnetizada de Regina “11”.

 

Medellín, 26 de mayo de 2006

Yo Ángel de Dios Gil Pérez, identificado con la cédula de ciudadanía No. 71632905 de Medellín, un ser humano del común, bachiller y cerrajero de profesión, quiero expresar el relato sobre un acontecimiento insólito y trascendental ocurrido en mi vida.

Eran las 10:30 de la noche del 15 de julio de 1989, me encontraba realizando una actividad laboral en un edificio del sector de El Poblado en Medellín – Antioquia en compañía de otros dos hermanos (Alberto y Javier).

Terminamos la actividad y nos dirigimos a casa, mis hermanos se transportaban en su vehículo, yo en mi motocicleta y transitando por la avenida oriental con la calle Ayacucho, el semáforo estaba en verde, mis hermanos venían detrás a unos 50 metros y a mi derecha, en la misma dirección circulaba un taxi, el conductor de éste acelera para sobrepasarme y hacer un giro prohibido hacia la izquierda; cuentan mis hermanos que yo para evitar colisionar con el taxi me lancé de la moto, ésta choca con el taxi y yo me golpeo el cráneo con el pavimento. Uno de mis hermanos se encarga de los vehículos y el otro me lleva en el taxi del culpable a la clínica SOMA que se encuentra a dos cuadras del lugar del accidente. Allí expresan que para atenderme tengo que pagar cien mil pesos ($100.000), un poco más de dos salarios mínimos en esa época, porque no me aceptaban el SOAT (Seguro Obligatorio a terceros).

Discuto y me desmayo; mi hermano me recoge y sale a buscar otro taxi porque el responsable huyó; me lleva a la clínica Medellín ubicada a dos cuadras más adelante; allí me atienden de inmediato por urgencias sin exigir dinero ni documentación alguna; mi hermano informa a la casa y a los pocos minutos llega mi madre, se dirige al médico para preguntar por mí y éste le expresa: “Señora él ya falleció, no lo tocamos porque pueden decir que nosotros lo matamos; no hay signos vitales”. Mi madre se acerca, me toca y dice: “Está caliente, su cuerpo se mueve”. Responde el médico: “Es reflejo del cuerpo pero sus signos están en cero”. Replica mi madre: “Doctor ¿me permite hacerle algo a mi hijo?”.  Él contesta: “Bien pueda señora, pero vuelvo a decirle que no podemos tocarlo porque ya falleció y van a decir que nosotros lo matamos”. Mi madre me aplica las palabras mágicas que enseña REGINA “11” a sus discípulos para casos graves y delicados. Cuenta mi madre que yo respondo con un sonido y automáticamente los instrumentos que me tenían conectados empiezan a funcionar; el médico se asombra y pregunta: “¿Qué hizo señora? Esto es increíble; en la historia de vida médica no había visto esto. ¿Tienen diez mil pesos para la ambulancia?, porque hay que llevarlo al CES para hacerle una escanografía. Si recibió una lesión en el cerebro puede quedar ‘bobo’ o ‘loco’”. Mi madre respondió afirmativamente. El médico le da instrucciones a mi hermano para que me acompañe al CES y que mi madre se quede para que le explique todo lo que había hecho y le hable sobre REGINA “11”. Mientras ellos se quedan dialogando sobre el tema, en la clínica del CES me ubican dentro de una cámara  y los médicos ven en pantalla que el cerebro no recibió golpe y observan que estuve discutiendo. Mi hermano les dice que eso ocurrió en la clínica SOMA, porque allí reaccioné y discutí con ellos porque cobraban la atención antes que lo asistieran y luego me desmayé. Los médicos dijeron que eso era grave y demandable. Dan la orden para que me regresen a la clínica Medellín y me operen la herida que tengo en la parte posterior del cráneo pues no saben cómo sigo vivo con esa pérdida de sangre; me transportan en la ambulancia a la clínica para la operación que se realizó aproximadamente entre la una y tres de la mañana. El médico le dice a mi familia que él podría realizar la cirugía de la ceja, pero si querían esperaran hasta las siete de la mañana que llegaba el cirujano plástico. Mi familia resolvió esperar al cirujano plástico por la estética y me pasaron a reposo.

A las siete me preparan para la cirugía del rostro, a las ocho se inicia la operación y aproximadamente a las once de la mañana ocurrió otro  acontecimiento  sorprendente: Para los médicos no resistí la operación y fallecí. En cirugía se encontraban el cirujano y su asistente; mi familia se hallaba afuera del quirófano, angustiada y esperando noticias de la intervención porque ya habían pasado tres horas y no sabían nada.

En el Centro Internacional de la Unión (CIDLÚN), sede de Regina “11” en San Cristóbal, corregimiento de  Medellín, se encuentra Ella dictando un curso de relajación mental para principiantes. Precisamente a las once  de la mañana pregunta por mi familia; de las oficinas sale una hermana mía que trabajaba allí (Sor Teresa Gil) y Regina “11” le pregunta: “¿Qué sabe de su hermano el accidentado?”. Ella responde, “No sabemos nada, desde las ocho está en cirugía y son las once”. Regina “11” les expresa a todos los asistentes: “Voy a ir a hacer un trance porque lo veo muy mal”.
Mientras tanto yo me sentía con una felicidad plena, en una luz anaranjada muy fuerte, no sé donde estoy, de repente se conecta conmigo Regina “11” y me expresa en una forma decidida e imperativa: “Te vas o te quedas, pero tienes que resolver tu situación”, de inmediato me doy cuenta de que me está hablando y le respondo: “Quiero quedarme porque…”  automáticamente se me desconecta sin interesarle motivos y entro en sueño.

En el quirófano la profesional asistente se dirige a la puerta para decirle a mi familia que no había resistido la operación y que había fallecido, pero al intentar abrir la puerta el cirujano le dice a la asistente: “Doctora, venga que volvió a reaccionar, esto es increíble”. Sorprendida la asistente cierra la puerta y ambos continúan la operación al lado del cirujano.

Regina “11” vuelve al escenario a continuar con el curso de relajación mental y le expresa a los asistentes: “Yo le dije al montañero: Te vas o te quedas pero tienes que resolver tu situación, y él resolvió quedarse. Así que él está fuera de peligro”. Todos aplaudieron la noticia mientras en la clínica nadie sabía sobre mi situación.

A eso de la una de la tarde salió el médico a avisar a la familia que había terminado la cirugía y que estaba fuera de peligro. Mis familiares se dirigen muy felices a la sede de Regina “11” para continuar asistiendo al curso y dar la noticia, sin saber que allí todos ya la conocían.

Cuando me llevaban en la camilla para la habitación recuperé la conciencia y escuché al médico diciéndole a mi hermano que: “Jamás irá a recordar lo que le ha pasado debido a que el impacto le ha borrado un tramo de la memoria; porque esto funciona como la cinta de un casete que está rodando, pasa el espacio borrado y luego continúa”. Yo pensé: “¿Cómo no voy a darme cuenta si estoy escuchando todo?”. Volví a caer en un sueño profundo.

Al día siguiente, lunes 17 de julio, despierto a las nueve de la mañana en la habitación de la clínica, veo a mi hermano (Francisco Javier Gil) y a la supervisora de la empresa (Pastora Portillo) a la cual le presto los servicios. De inmediato le pregunto a mi hermano “¿Cómo quedó la puerta?”. Él me respondió: “¿Cuál puerta? Tranquilo que usted tuvo un accidente, pero no fue el culpable”. Le dije: “¿Y la puerta de la ciudadela que estamos arreglando?”. Él responde: “La puerta quedó buena”. Nuevamente pregunto: “¿Quién la soldó?”. Me responde: “Usted, pero tranquilo que tuvo un accidente y está bien, ya le dieron de alta y Alberto viene a recogerlo”.

Yo siento y observo que mis brazos están conectados con unas mangueras y que estoy en un sitio extraño. Pregunto: “¿Dónde está mi hermana Marta?”. (Ella trabajaba en esa clínica). Javier responde: “Está en la casa y ya viene a coger turno”. Luego me informaron que tenía que regresar a los ocho días para que me realizaran la cirugía del maxilar superior que estaba caído.

A las once de la mañana apareció mi hermano Alberto para recogerme; llego a casa, me acondicionan la habitación y comienzan las personas a visitarme, entre ellas reginistas, quienes hacen el comentario de lo acontecido en el Centro de Regina “11” “Cuando Regina nos dijo a todos”: ‘Yo le dije al montañero, te vas o te quedas, pero tienes que resolver tu situación y él resolvió quedarse, total él está fuera de peligro’; yo escuchando este comentario me inquieté porque creí que era un secreto que debía guardarme y salí de la habitación a confirmar que eso era cierto, que “yo entré a una luz resplandeciente anaranjada en medio de ella se me presentó la madre, que es como casi todos la llamamos, y me dijo: Te vas o te quedas pero tienes que resolver tu situación; yo le dije: quiero quedarme porque… y no dejó que le expresara el motivo porque de inmediato se me desapareció y luego entré en sueño”.

El día anterior cuando mi familia subió a la sede de Regina “11” para continuar el curso de relajación mental, Regina “11” los mandó pasar a la oficina y les dijo: “Ahora a ustedes les va a tocar aplicarle en las heridas, estas gotas de avanzados que traje para casos especiales  con el fin de que le sanen rápido las lesiones”. Mi hermana Luz Marina después que llegaba del trabajo me aplicaba las gotas en las partes afectadas. A los cuatro días me miro en el espejo y me asusté muchísimo al ver mi rostro monstruoso y mi expresión fue: “¡Hayjuemadre, ¿qué pasó aquí?”. Luego comencé a retirarme la mascarilla que cubría mi rostro, desprendiéndose en su totalidad y quedando mi rostro completamente limpio.

El 25 de julio ingreso de nuevo a la clínica para la cirugía del maxilar superior, la practicó el mismo médico que me atendió en la anterior y de igual manera con mucho éxito. Cuando me dieron de alta el doctor William Echeverri me dio citas para cada ocho días hasta terminar el proceso de cicatrización y extraer todo el alambrado que me habían colocado. Los dos meses de incapacidad se redujeron  a mes y medio por la rápida recuperación. Cada que iba a revisión el médico me hacía un chequeo muy rápido y el resto del tiempo lo dedicaba a interrogarme sobre Regina “11”, porque para él era increíble lo que había sucedido conmigo en este accidente. Dijo el médico: “En veinte años de experiencia médica, jamás me había ocurrido un caso de esta índole, porque usted estaba muerto y no me he podido explicar por qué volvió a reaccionar”. Yo le expresé todo lo que había experimentado en ese estado de  “inconciencia”, el médico me dice: “Yo creí que Regina ‘11’ era sólo política, nunca creí que manejara otros temas”. Le contesté: “Doctor, la especialidad de Regina 11 es la metafísica, el desarrollo y dominio de la mente, es doctora en metafísica, título otorgado por la Universidad del Patriarcado Mundial Latino y esta misma Universidad le otorgó el título de Doctora en ciencias políticas, y nos enseña a ejercitar nuestros poderes mentales”. Así eran nuestras conversaciones en cada cita que asistía para el control.

La profesional asistente que estuvo en la cirugía le contó a mi hermana Marta, la que trabajaba en la clínica Medellín: “Tu hermano nos hizo pasar un susto, porque él se nos fue, iba a avisarle a tu familia que no había resistido la operación y cuando iba a abrir la puerta, el médico me llamó: Venga que volvió a reaccionar y continuó la cirugía”.

Este trance experimentado por mí desde las 10:30 p.m. del sábado 15 de julio de 1989 hasta las 9 a.m. del lunes 17 de Julio no es más que la demostración de los grandes  poderes que tiene la mujer más grande que haya podido pisar el planeta tierra, la  madre y maestra de maestros Regina “11”, y con la resurrección que Ella ha realizado en mí, ha demostrado todo lo que puede hacer en favor de la humanidad y especialmente con las personas que creemos en Ella. Doy gracias a Dios que me premió con una madre y maestra como Regina “11” y aseguro que ser discípulo de Regina “11” es un privilegio que viene de lo alto.

Con mucho amor y sentimientos de gratitud hacia mi maestra escribo este testimonio y le pido al Todopoderoso infinitas bendiciones y más larga vida a mi maestra, para que siga iluminando a la humanidad con sus acertadas enseñanzas, para que continúe ayudando y protegiendo al mundo de tantas tragedias y tanta inconciencia y que su verdad brille para siempre.

Cordialmente,

ÁNGEL DE DIOS GIL PÉREZ
c.c.No. 71.632.905
Teléfono:   (094) 5217264 Medellín

 

P.D. Después de éste, he tenido tres accidentes más en la moto, y de igual manera Regina “11”, ha tenido que ver en mi recuperación, hasta el punto de que algunos me dicen el gato por lo de las siete vidas. Espero no tener que vivir las otras tres que faltarían para igualar al felino.

En el tercer accidente intervino mi hermano Carlos Enrique (hoy es el maestro Kengíper),  quien me cuenta que yo estaba convulsionando y cuando el médico le dijo que me iba a remitir al hospital San Vicente de Paúl porque ya me estaba deteriorando mucho, también me aplicó las palabras mágicas al oído y me quedé tranquilo, me aplicaron unos sedantes y los médicos que me dieron por muerto quedaron sorprendidos, mirándose con incredulidad cuando me vieron recuperado y sin secuelas que lamentar.

 

EL BRAZO DE JULIO CESAR

12 de abril de 2006

Le doy este testimonio a la maestra Regina “11”, porque gracias a su poder no perdí un brazo.

Mi nombre es JULIO CÉSAR RUBIANO, nací en Bogotá, en la actualidad tengo 33 años, vivo en unión libre y tengo cuatro hijos. Mi caso fue el siguiente:

En el año de 1980 cuando tenía siete años de edad, me caí de un asiento que se encontraba en el comedor de mi casa. Caí hacia atrás, quedando mi brazo izquierdo debajo de mi cuerpo, lo que ocasionó que se me partiera en dos partes.

Mi papá me llevó a donde un sobandero quien me entablilló el brazo con palos de paleta y esparadrapo. Desde ese momento mi brazo comenzó a ponerse negro – negro y muy hinchado. Debido a lo que me hizo el sobandero a mi brazo no le circulaba la sangre.

Por lo hinchado mi brazo su peso era tan grande que no me dejaba parar, obligando a mis padres a llevarme al hospital.

En ningún hospital me quisieron recibir pues decían que tenía gangrena y la única solución era quitarme el brazo.

Por fin en el hospital de La Misericordia le dijeron a mi mamá que no me lo quitaban, pero que de todas maneras no me iba a servir para nada.

Me operaron, haciéndome reconstrucción de tendones con plásticos, lo que ocasionó que mis dedos quedaran inmóviles.

El brazo se fue sanando pero fue cogiendo una forma como de L, pegándose contra mi cuerpo y mis dedos sin ningún movimiento.

Un día mi madre Aurora Alfaro de Rubiano, quien es reginista desde que la maestra Regina comenzó, me trajo al Centro, coincidencialmente ese día habían llegado las estatuas de las tres Reginas (efigie de la maestra Regina “11”).

Mi madre se dirigió a Danny Liska o papá Liskita, el esposo de la maestra en esa época, pues yo era su ahijado de bautizo y le contó lo sucedido.

Él nos llevó hasta donde se encontraban las tres Reginas, me colocó al frente de una de ellas, acomodándole mi brazo pegado. En otra colocó a mi madre y en la tercera se situó él. Estuvimos así abrazados un largo rato.

Nos despedimos y salimos del Centro para dirigirnos a Funza, íbamos en el transporte pasando por el río Bogotá, cuando intempestivamente comencé a mover mis dedos. Seguí moviéndolos sin descanso hasta las 11 de la noche cuando llegó mi papá a la casa.

Al día siguiente mi madre me llevó al hospital, allí se quedaron aterrados pues no se explicaban porqué movía los dedos. Me tomaron una radiografías resultando que milagrosamente los tendones se habían conectado con los dedos.

Nuevamente regresamos al Centro para contar lo sucedido, hablamos con la maestra Regina y Danny, pues únicamente faltaba que estirara el brazo.

La maestra le dijo a mi madre que le sacara la clara a un huevo y la mezclara con dioxogen y que con una pluma de gallina negra, me friccionara con esta emulsión el brazo, hacia arriba, todos los días.

El resultado fue fantástico, mi brazo se recuperó totalmente, me quedó igual que el otro, con la misma fuerza y del mismo largo. Mis manos son iguales. Este mismo brazo me lo he fracturado por dos ocasiones más y no he tenido el menor problema.

Mi dirección es: carrera 6 No. 9-43, barrio Serrezuelita de Funza, teléfono 8258865.

 

 

 

 

 

SIEMPRE VIVA MEDELLIN

Medellín, 21 de abril de 2006

Testimonio de María Matilde Álvarez González, nacida el día 9 de mayo de 1921 en Concordia – Antioquia.

Sus enfermedades empezaron a la edad de 50 años, sufriendo de convulsiones, derrames cerebrales y más de 24 infartos Siempre que le daban estas crisis, se magnetizada y se le hacía el rito de la verbena para disminuir la posibilidad de que quedara reducida a una cama o inválida.

En una oportunidad estuvo sumamente grave e inconciente durante once días en el hospital, hasta que la maestra Regina “11” vino a la ciudad de Medellín y envió a la señora Fabiola Adarve (hija de María) a llevarle la siguiente razón y decírsela al oído: “Dígale que se tiene que aliviar o se tiene que ir a descansar porque yo para que la quiero en una silla de ruedas y ella bien patialegre”. A partir de ese momento ella comenzó un proceso de recuperación maravilloso.

La señora Matilde fue desahuciada en dos ocasiones por el personal médico del Seguro Social, pero gracias a que ha tenido durante 29 años a Regina “11” como su maestra, ha logrado salir avante de todas sus gravedades y demostrar la realidad del poder de la mente, de las ganas de vivir y la grandeza de Dios.

En otra ocasión perdió toda la capacidad de sostener su cuerpo y por ende mantener el equilibrio, estuvo durante tres semanas en la clínica hasta que se comunicaron con mamá Regina y entonces ella les dijo que ya se le había acabado todo el fósforo del cerebro, por todo lo que le había sucedido, pero que ella iba a ver si la podía volver a armar. Al parecer la armó muy bien porque ya han pasado aproximadamente diez años desde entonces y se encuentra en buen estado de salud y cercana a cumplir los 85 años de edad. Pienso con absoluta certeza que ella ha logrado salir adelante gracias a que ha contado con la fortuna de tener a la gran maestra Regina “11”, recibir sus enseñanzas y cambios de energía.

María Matilde Álvarez Adarve
C. C. 21.283.277 de Medellín

 

SIEMPRE VIVA BOGOTA

 


21 de abril de 2006

 

A mi maestra le debo estar con vida a los 87 años, por eso le doy estos testimonios.

Me llamo Obdulia Ballesteros Romero, nací en Bogotá el 3 de mayo de 1918, tengo 87 años y soy viuda. Me inicié en el reginismo cuando la maestra Regina tenía su Centro en el barrio Chapinero.

Cuando he estado enferma ella siempre me ha ayudado, pero un día me dio un ataque cardiaco, me llevaron a la clínica San Pedro Claver, que pertenece al Seguro Social, estando allí, me sentía tan grave que, mi pensamiento se aferró al de la maestra, pidiéndole que me ayudara a salir con bien. Ayudada por este sentir mi salud comenzó a mejorar.

Cuando salí de la clínica lo primero que hice fue dirigirme al Centro de Regina. Ese día la encontré, me le acerqué y le pedí que me auxiliara, explicándole lo que me pasaba. Ella me colocó su mano sobre mi corazón y desde ese momento no me han vuelto a repetir los ataques.

En otra ocasión la úlcera se me reventó, nuevamente fui internada en la clínica San Pedro Claver, allí estuve muy grave.

Un día el doctor que me asistía fue a hacerme el control diario y luego de realizado me dijo que la maestra Regina iría a visitarme. La noticia me causó una gran alegría, quedándome muy pendiente de su llegada.

Me encontraba en una camilla, en la sala de urgencias y cuando la vi llegar, salté hacia ella y la abracé. La maestra hizo lo mismo dándome un beso en la frente. Empezó a hablarme y me miraba de un lado y luego del otro. De pronto me dijo: “Obdulia me tengo que ir para Medellín porque voy a hacer un curso allí”. Se despidió y se fue.

Cuando me dejó sentí una sensación de alivio en mi cuerpo y me sané.

Al día siguiente le solicité al médico que me dejara salir de la clínica porque me sentía bien. Él me autorizó y mi sobrina fue por mí.

Al tercer día de la visita de la maestra yo me abrigué bien y me fui para el Centro reginista. Lo que pasó no se me olvidará nunca, la madre Regina cuando me vio dijo: “Miren, ahí llegó la siempre viva”. La úlcera no fue operada debido a mi edad.

Gracias a Dios y a la maestra Regina “11”, estoy con vida.
De nuevo gracias a mi maestra Regina.

 

 

 

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